IA inmobiliaria

Solo el 3,6 % de las empresas chilenas logra escalar la IA. El problema no es la tecnología.

En Chile el uso de inteligencia artificial casi se duplicó en dos años, pero apenas una de cada treinta empresas la lleva a toda su operación. Lo que ese dato dice de las inmobiliarias.

Torres de oficinas apagadas al anochecer y una sola planta encendida con luz cian

Un estudio publicado a comienzos de septiembre por la consultora MAS Analytics deja una fotografía incómoda del momento que vive Chile con la inteligencia artificial: el uso creció rapidísimo, pero casi nadie ha conseguido convertirlo en una forma de operar.

Los números, recogidos por trendTIC, son estos:

  • el uso de IA en empresas chilenas pasó del 29 % en 2023 al 54 % en 2025;
  • el 83 % la utiliza hoy en algún proceso;
  • el 40 % la tiene en alguna iniciativa estratégica;
  • y solo el 3,6 % logra escalarla de forma transversal a toda la organización.

Dicho de otro modo: la inmensa mayoría de las empresas que "usan IA" la usan en un rincón. Un piloto, un área, una persona entusiasta. No en la operación.

Por qué se atascan

Lo más interesante del estudio no es la cifra, sino el diagnóstico. Según MAS Analytics, la barrera no está en la disponibilidad de la tecnología. Está en tres cosas mucho menos glamorosas: la gobernanza de los datos, la gestión del cambio y la cultura organizacional. Y concluye que la ventaja competitiva de los próximos años será la velocidad organizacional: la capacidad de una empresa para adaptar sus procesos al ritmo al que cambia el mercado.

Qué tiene que ver esto con una inmobiliaria

Todo. Si trasladamos el estudio a una oficina inmobiliaria en Chile, la escena es reconocible:

  • Hay asesores que usan un chat para redactar publicaciones y responder objeciones. Eso es el 83 %: IA en algún proceso.
  • Hay oficinas que probaron alguna herramienta de tasación automática o un asistente para leads, con resultados dispares. Eso es el 40 %: una iniciativa.
  • Y hay muy pocas donde captación, precio, seguimiento y venta funcionen de otra manera porque la IA está dentro de cada paso, con un criterio compartido por todo el equipo. Ese es el 3,6 %.

La diferencia entre los tres grupos no la marca el presupuesto ni el tamaño. La marca si existe un método: quién decide para qué sirve la IA en la oficina, en qué momento del proceso entra, qué produce y quién lo valida.

Las tres barreras, traducidas al lenguaje inmobiliario

  1. Gobernanza de datos. Si la información de propiedades, propietarios y compradores vive en la cabeza de cada asesor y en planillas distintas, ninguna inteligencia artificial puede trabajar sobre ella. Ordenar el dato es la condición previa.
  2. Gestión del cambio. Un asesor con veinte años de oficio no cambia su forma de captar porque le instalen una aplicación. Cambia cuando ve que llega mejor preparado a la reunión y cierra más regulaciones de precio.
  3. Cultura. En una oficina donde cada uno trabaja a su manera, la IA amplifica el desorden. En una oficina con criterio común, lo amplifica también.

Lo que sí es una buena noticia

Que el 96 % de las empresas chilenas todavía no haya escalado la IA significa que la ventaja está disponible. En el sector inmobiliario, donde la mayoría de las oficinas compite con las mismas herramientas y los mismos portales, la oficina que consiga llevar la inteligencia artificial a su operación completa —no a un rincón— tendrá una diferencia que no se copia en una tarde.

La pregunta para un gerente inmobiliario no es "¿estamos usando IA?". Es "¿en cuál de los tres grupos estamos, y qué nos falta para pasar al siguiente?".

Ese es exactamente el punto de partida del diagnóstico con el que RIIA empieza a trabajar con una oficina: antes de hablar de herramientas, entender la operación real y dónde la IA puede estructurarla.

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